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Guías para dar clase

Adaptaciones para dificultades de atención

Hay alumnos con capacidad de sobra para quienes sostener la atención supone un esfuerzo añadido. No necesitas saber a qué se debe —ni te corresponde averiguarlo— para preparar una clase que les funcione.

4 minutos de lectura.

Si sólo lees esto

  • Divide en trozos pequeños con un final visible en cada uno.
  • Recompensa lo que consigue, y que la recompensa llegue pronto.
  • Flexibiliza el tiempo antes que bajar la exigencia.
  • Un ejercicio a la vista cada vez, no la hoja entera.
  • Ni diagnostiques ni preguntes por informes. No es tu papel.

1. Un sistema de puntos que se vea

Funciona sorprendentemente bien, incluso con alumnos mayores de lo que uno esperaría. Cada ejercicio bien resuelto, una estrella en la esquina de la hoja. Al llegar a cinco, los últimos minutos de clase son suyos: para hablar de lo que quiera o para un juego.

La clave no es el premio, es que lo vea acumularse. Un objetivo a cinco ejercicios vista se persigue; «si trabajas bien este trimestre» no significa nada.

2. El cronómetro como juego, no como presión

«¿Lo sacas antes que yo?» convierte un ejercicio en una carrera y una carrera se aguanta mucho mejor que un ejercicio. Hazlo tú también y déjale ganar de vez en cuando: si pierde siempre, deja de jugar.

Y cuando lo notes especialmente inquieto, dale más tiempo del que necesita y dile que lo que sobre es suyo. Treinta segundos para levantarse o saltar. Parece nada y sostiene los diez minutos siguientes.

3. Un ejercicio a la vista, no la hoja entera

Una hoja con doce ejercicios es doce veces la sensación de que esto no se acaba nunca. Tapa el resto, o dáselos de uno en uno.

Lo mismo con las instrucciones: una cosa cada vez. «Lee el enunciado y subraya los datos» y, cuando lo haya hecho, la siguiente.

4. Flexibiliza el cómo, no el cuánto

Se puede cambiar casi todo sin bajar el listón: el tiempo, el orden de los ejercicios, que responda hablando en vez de escribiendo, que se levante entre bloques.

Lo que no hay que hacer es pedirle menos. Un alumno al que se le exige menos aprende que se espera menos de él, y eso pesa mucho más tiempo que un examen.

5. Dile lo que hace bien, concreto y en el momento

No «muy bien», que no dice nada. «Has visto tú solo que había que derivar dos veces, eso es lo difícil del ejercicio». Concreto y en caliente.

Quien lleva años oyendo que se despista, que no se centra y que podría si quisiera, no está esperando un premio. Está esperando que alguien se dé cuenta de algo que ha hecho bien.

Dónde está tu límite. No preguntes si tiene un diagnóstico, no pidas informes y no sugieras ninguno. No eres clínico y equivocarte ahí hace daño de verdad. Si la familia decide contártelo, lo usas para dar mejor la clase y no lo escribes en ningún sitio: ni en tu ficha, ni en el formulario, ni se lo cuentas a nadie. AcademiAvanza no guarda datos de salud de ningún alumno, y por eso el formulario de las familias rechaza los mensajes que los mencionan.

Y si lo que ves te preocupa más allá de la asignatura, díselo a la familia tal cual lo has visto —«le cuesta arrancar», «se bloquea con los exámenes»— y que decidan ellos. Describir es tu trabajo; interpretar, no.

Esto no es una norma ni te lo va a revisar nadie: son cosas que funcionan, escritas para que no tengas que descubrirlas tú. Aquí están las demás guías. Y si se te ocurre algo que debería estar aquí, cuéntanoslo.