Evitar distracciones en clases a domicilio
Das clase en su casa, en su cuarto, con la cama a un metro y el móvil sobre la mesa. Antes de concluir que no quiere trabajar, revisa dónde le has sentado: buena parte de las distracciones vienen del entorno, no del alumno.
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Si sólo lees esto
- Mesa vacía: sólo lo del ejercicio que estáis haciendo ahora.
- El móvil, boca abajo y lejos. Pídelo tú el primer día y ya no hay discusión.
- Bloques de veinte minutos con un descanso corto en medio.
- Cronómetro: «¿lo sacas antes que yo?». Se convierte en juego y funciona.
- Cuando lo veas irse, cámbiale la tarea antes de llamarle la atención.
1. Lo primero es la mesa
Sobre la mesa, sólo lo que hace falta para el ejercicio de ahora: el cuaderno, el boli y poco más. El estuche entero, los otros libros y el cargador son tres cosas con las que jugar.
El móvil, boca abajo y fuera de la mesa. Pídelo el primer día como algo normal, no como un castigo: «lo dejamos ahí y lo coges al acabar». Si lo pides el tercer día, después de una clase mala, parece una bronca.
Y si podéis sentaros en el salón o la cocina en vez de en su cuarto, mejor. La cama a un metro pesa.
2. Bloques cortos, con final a la vista
Una hora seguida no la sostiene. Dos bloques de veinte minutos con tres o cuatro de descanso en medio rinden más que sesenta corridos, y además él sabe cuándo acaba cada trozo.
Dilo en alto al empezar: «ahora veinte minutos con esto, luego paramos un momento». Saber que hay un final cercano es lo que le permite aguantar hasta él.
3. El cronómetro, de tu lado
Convertir el ejercicio en carrera cambia la clase entera: «¿lo sacas tú antes que yo?». Lo haces tú también, en tu hoja, y comparáis.
Déjale ganar de vez en cuando. No es engañarle: es que si pierde siempre, deja de jugar, y con el juego se va lo único que le tenía sentado.
Y si acaba antes de tiempo, el tiempo que sobra es suyo. Treinta segundos para levantarse, saltar o contarte algo. Es poquísimo y tira muchísimo.
4. Cámbiale la tarea antes de reñirle
Cuando lo veas empezar a irse, lo que casi nunca funciona es decirle que se centre. Lo que sí funciona es cambiar lo que está haciendo:
- «Este déjalo, hacemos el siguiente y luego volvemos.»
- «Explícamelo tú a mí, que a ver si me lío.»
- «Sal a la pizarra —o al papel— y lo escribes tú.»
Que cambie de postura, de tarea o de quién lleva el boli suele devolverle diez minutos.
5. Señala lo que hace bien, en voz alta
Quien se despista mucho está acostumbrado a que sólo le hablen cuando hace algo mal. Un «este paso lo has hecho perfecto» dicho en serio vale más que tres avisos.
Si esto se repite clase tras clase y nada de lo de arriba mueve la aguja, coméntaselo a la familia: es información que les sirve. Pero no le pongas nombre a lo que le pasa ni sugieras ningún diagnóstico. Eso no te toca a ti y equivocarse ahí hace daño de verdad.
Esto no es una norma ni te lo va a revisar nadie: son cosas que funcionan, escritas para que no tengas que descubrirlas tú. Aquí están las demás guías. Y si se te ocurre algo que debería estar aquí, cuéntanoslo.